Un día como hoy, ahora.
Un día como hoy, hace cinco años, me levanté con el ruido de los aviones militares surcando los cielos, sin luz, sin agua, sin noticias.
Un día como hoy, hace cinco años, me levanté con el ruido de los aviones militares surcando los cielos, sin luz, sin agua, sin noticias.
No se pueden quedar y no tienen a dónde ir: expulsados por la pobreza y la amenaza de inminente de muerte en el país de origen, extorsionados por el crimen organizado, secuestrados y ejecutados en el país de tránsito, y deportados si logran llegar al país de destino.
Desde las kuna de Panamá, hasta las mixtecas que radican en la frontera México-Estados Unidos, las mujeres indígenas y rurales luchan contra “ellos”–las empresas transnacionales, los gobiernos con sus planes de “desarrollo” respaldados por policías y militares.
La drástica transformación de las políticas públicas hacia el sector agropecuario, cuya joya de la corona es el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), generaron las condiciones para el surgimiento de múltiples formas de violencia en el agro mexicano.
Las críticas al Proyecto Gran Carajás están focalizadas en la contaminación de las acerías de Piquiá y los daños que provoca el tren que atraviesa más de cien poblados, considerado el mayor emprendimiento ferroviario minero del mundo.
El extractivismo minero no alimenta ningún ninguna necesidad básica, sino que está atada a las modas de la joyería global o a las necesidades de los financistas. Y lo peor, la actividad tiene efectos negativos en las dimensiones sociales, ambientales y económicas.
La región de Catatumbo sufre las consecuencias del Tratado de Libre Comercio que los ha empujado al cultivo de la coca, y de las estrategias de fumigación y erradicación manual que el gobierno colombiano lleva a cabo para acabar con los cultivos ilícitos.
A medida que las cadenas de suministro se integran, las familias se fracturan. En Carolina del Norte, migrantes desplazados de México y Centroamérica trabajan en condiciones precarias e insalubres en la industria avícola.
Pietro Ameglio, del MPJD, habla de las actividades del grupo en sus primeros tres años, enfocandose en la necesidad de compartir metas e ideales con otras organizaciones.
La lucha sin cesar por la verdad y la justicia en nuestro continente es una lucha no sólo por la justicia en un sinnúmero de casos que representan el dolor de miles de familias, sino también–y sobre todo–por romper el muro de mentiras que protege a los Estados.